martes, 12 de noviembre de 2013

Cien veces mas fuerte que la morfina

¡Ya casi estoy acabando mi relato! ¡Y eso me hace muy feliz!
Debo decir que mi vida ha cambiado mucho. Muchos sentimientos y pensamientos han cambiado desde que escribí el primer post hasta ahora. Ya ha pasado un año y medio. Voy a tratar de resumir los hechos durante todo este tiempo.

Una vez que me ingresaron en la clínica del seguro, el traumatólogo de turno fue llamado de emergencia. Me tomaron rayos X, ahí mismo, en la camilla en la que estaba recostada. También me tomaron muestras de sangre. El médico de guardia me sorprendió con una jeringa bien chiquitita llena de un líquido que -según me advirtió- era cien veces más fuerte que la morfina ¡Que dulce promesa! Me inyectó en el estómago e hizo efecto de inmediato. No diré que la pierna dejó de dolerme pero al menos mi tormento fue menor y me hundí en un sopor muy parecido a la tranquilidad.
Todos fueron buenos conmigo. La enfermera de guardia me tendió tantas mantas como se lo pedí y permitió que mis parientes se quedaran conmigo más allá del tiempo prudente. Mi cuerpo entró en calor y dejé de temblar convulsivamente. Finalmente creí que mi situación empezaría a mejorar.

Llegaron mi mamá y mi hermano. Ambos traían un semblante tranquilo que hacía juego con mi somnolencia. No le habría hecho nada bien a mi ánimo que ellos entraran alborotados y haciendo aspas con las manos. Llegaron también una pareja de esposos, amigos y colegas de mi marido. Ellos si llevaban caras fúnebres. Sentí su pena tan sincera y profunda ¡Qué buenos amigos no? En mi caso, sólo saldría abruptamente de mi cama para ir a ver a muy pocos cercanos. A las doce  de la noche todos ellos volvieron a sus respectivas casas y finalmente me quedé a solas con mi tragedia.

No recuerdo bien como pasé esa primera noche. Mentiría si dijera que pasé la noche en vela. Quiero contar lo sucedido apegándome lo más posible a la verdad de los hechos. Es verdad que el tiempo y la memoria han borrado algunos detalles y han magnificado otros. Además tengo cierta vocación literaria que me impide hacer esta cronología menos dramática. Mi sueño más grande era escribir la mejor novela boliviana de todos los tiempos. Sin embargo, en este año y medio han cambiado tantas cosas en mí, que escribir ese libro digno de un nobel, ya no es tan importante. Esa noche no me detuve a pensar mucho en mis circunstancias ni a repasar lo sucedido ¿Cuál es el nombre de ese elixir maravilloso capaz de anestesiar el cuerpo y el alma?